El entonces entrenador de Reboceros, Cristóbal Ortega, intentó convencerlo de no dejar el equipo, pero decidió irse al lado de una mujer a la que recién había embarazado.

Un joven que soñaba con triunfar en el futbol mexicano vio su carrera truncada por las malas decisiones. Hoy enfrenta una condena de 17 años en prisión, tras haber pasado de las canchas profesionales al mundo de la delincuencia.
En el podcast Penitencia, conducido por Saskia Niño de Rivera, un hombre identificado únicamente como “Pepe” compartió su historia marcada por el futbol, las adicciones y finalmente el crimen. Según su testimonio, fue canterano de Chivas, jugó en Pachuca y terminó en Reboceros de La Piedad, justo cuando el equipo ascendió a la Primera División.
Pepe asegura que inició su carrera en el Club Guadalajara con disciplina y entrega:
“Empecé mi carrera en el Club Guadalajara y ahí empecé una hermosa vida deportista donde se lo deseo a todos los muchachos, que luchen por un sueño porque los sueños se cumplen, pero que también aprendan a tomar decisiones”, relató.
Sin embargo, a los 18 años embarazó a su entonces pareja y, con ello, comenzaron los problemas personales que lo llevaron a alejarse de la cancha. Relata que militó en Pachuca en segunda división y que más tarde fue enviado a La Piedad, donde incluso llegó a tener como entrenador a Cristóbal Ortega.
Pepe dijo que al saber que su novia estaba embarazada decidió irse a su lado y dejar su carrera como elemento del equipo Reboceros de La Piedad.
El técnico Cristóbal Ortega, dice, le advirtió: “No te vayas, wey. Hay un millón de chavos que quieren tu vida”. Pese al consejo, Pepe pidió permiso para resolver asuntos personales y nunca regresó al futbol profesional.
Tras dejar los estadios, cayó en las adicciones y después en el crimen. Inició con asaltos a transeúntes, luego al robo de vehículos y finalmente a camiones, hasta que fue detenido. Hoy cumple 13 años en prisión y aún no se sabe cuándo podría recuperar la libertad.
Debido a que su identidad permanece reservada, no existe confirmación oficial sobre su paso por el futbol profesional; sin embargo, su relato sirve como advertencia sobre cómo las decisiones personales pueden marcar el rumbo de una vida.









