La calaca llegó a La Piedad,
buscando a Samuel Hidalgo.
Lleva en la grilla una eternidad,
¡ya que deje pa’ los otros algo!
Fue dos veces presidente,
y ahora quiere ser diputado,
pero lo que cuenta es el presente,
y ese sí que está amolado.
Hizo el Parque Metropolitano
y unas calles mandó arreglar,
pero sí se le pasó la mano
con tantos bares por el bulevar.
Ya estando por la Presidencia,
Satanás volteó a Secretaría,
buscando a alguien de importancia,
pero —¡diantres!— la halló vacía.
Buscaba a César Oceguera,
Secretario del Ayuntamiento;
le dio un golpe en la mollera
que lo sacó del aturdimiento.
El diablo le habló entre dientes,
como si fueran camaradas:
“¿Quieres ayuda pa´ ser presidente,
y ni a mí me tomas las llamadas?”.
Después se pasó al Predial
en una agitada carrera;
tenía ganas de desayunar
y le preguntó a Rafa Herrera:
—“Llévame ahí con la Chumela,
o por unos tacos de cecina”—,
pero Rafa ya ni la muela,
le pidió su buena propina.
La Muerte no se quiso dejar
y acudió al Miércoles Ciudadano,
a buscar al Primer Oficial…
y no estaba: andaba en “Bananos”.
La huesuda, decepcionada,
de rabia soltó sus lamentos;
vio una troca mal estacionada,
era la de Reglamentos.
—“Mira nomás qué mal se portan
estos que ya tienen experiencia;
ora que ardan en el infierno,
y no vayan a pedir clemencia.”
La Muerte habló con la Llorona:
—“Yo sé quién te podrá ayudar;
eres viuda y mamá luchona,
mereces una beca del Bienestar.”
Ambas estaban muy contentas
por mejorar su situación,
pero no contaban con las jetas
de los Servidores de la Nación.
Le pidieron la CURP y el INE,
y el acta de nacimiento actualizada;
dijo la Muerte, muy firme:
—“¡Cuál beca ni qué la chingada!”
Estaba Melba Albavera,
feliz con su diputación,
cuando llegó la calavera
pa’ llevársela al panteón.
—“Aquí penarás de por vida,
y tu castigo no será corto;
no tuviste respeto por la vida,
y aprobaste lo del aborto.”
Miroslava Schember no escapó
de ir derechito al panteón;
en su tumba alguien grabó
que no hizo ninguna gestión.
En su epitafio solo estaba
un “Bendito Dios” que viralizó,
la vez que en el Congreso hablaban
del tema de la reelección.
La huesuda andaba por el bulevar,
y al PRI quiso ir a visitar;
se regresó con gran malestar,
pues no había a quién levantar.
Ese partido ya está muerto,
pero no se quiere resignar;
quiere vivir del presupuesto,
aunque aliado con el PAN.
A los que de plano no fue a ver
fue a los últimos perredistas:
“de esos quedan como tres,
¡pero hasta mi cartera me quitan!”









