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ESTO DICEN LAS MALAS LENGUAS

LO QUE DICEN LAS MALAS LENGUAS

Dicen las Malas Lenguas que la designación de Carlos Torres Piña como Coordinador de la Defensa de la Transformación en Michoacán dejó más fracturas que abrazos dentro del ya de por sí golpeado Movimiento de Regeneración Nacional. Los seguidores de Raúl Morón se sienten traicionados. Y no es para menos: durante meses alimentaron la esperanza a partir de aquella fotografía donde el profe aparecía sentado junto al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y los liderazgos nacionales de Morena. Más de uno juró que esa imagen era la portada del futuro.

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Pero no fueron los únicos. También quedaron con cara de «¿y ahora qué?» quienes apostaban por Gladys Butanda, Fabiola Alanís o Gaby Molina. Todos compraron el discurso de la encuesta limpia y transparente, aunque hasta hoy siga siendo más fácil encontrar la receta original de la salsa que le ponen a los tacos de “Los Pompeyos” que conocer su metodología o saber quién la levantó.

Ahora los inconformes levantan la voz, aunque queda una pregunta flotando en el aire: si el resultado hubiera favorecido a Morón o a cualquiera de los otros aspirantes, ¿los seguidores de Torres Piña se habrían quedado en paz? ¿Y los del gober?

 

Dicen las Malas Lenguas que tenemos que dejar bien claro que moronistas y morenistas no son necesariamente lo mismo. Tal vez ahí surgió la confusión de muchos que creyeron que el Senador ya tenía asegurada la candidatura. Esta decepción podría ocasionar que se vayan a ofrecer sus tres o cuatro votos en otros frentes. Tal parece que se está repitiendo la historia del PRD. La diferencia es que en aquel tiempo perredistas y priistas se odiaban a muerte. Ahora, casi todos los del tricolor se vistieron de guinda y las traiciones son parte del su ADN.

Desde que se fundó Morena e incluso antes, varios de los que hoy se dicen férreos defensores de la Cuarta Transformación han negociado con gobiernos del PAN y el PRI, para “seguir en pie de lucha”. Si usted quiere nombres, ahí le van algunos nombres: Reyes Quiroz, (traicionó a Melba Albavera cuando contendió por la presidencia municipal hace seis años y luego hizo lo mismo con Miroslava Shember y Moisés Rodríguez en la pasada elección); Iván Rizo (incluso ya lo advirtió: “Si Morón no es candidato me voy a apoyar al que sea candidato del PAN”, dijo en aquella conferencia de prensa donde llamó croqueteros a Rogelio Zarazúa y a Melba Albavera).

Podemos enumerar también al Doctor Pepito, a los hermanos Arias, a Gabriel Aguirre, a Cuauhtémoc Reyes y hasta a Edmy Paz, quien nomás logró ser regidora inmediatamente pintó su raya con Morena y el PVEM; ahora dice ser representante del Movimiento del Sombrero. ¿Qué tienen en común todos estos personajes? Exacto, formaron alguna vez parte del PRI y el PRD.

 

Dicen las Malas Lenguas que donde se cimbró en sus centros la tierra fue al interior del Partido del Trabajo, cuyo propietario Reginaldo Sandoval ya había apostado todas sus canicas a favor de Raúl Morón. Los del PT, incluidos los de La Piedad, se subieron a un pleito que no les correspondía y hasta le sacaron la lengua  a los otros morenistas. El problema fue que desde antes el profe ya había apalabrado la candidatura por la alcaldía de La Piedad con una mujer avecindada en Zamora, pero oriunda de esta ciudad, de nombre Georgina, cercana al grupo de Lupita Sánchez. Obviamente, el enojo de José Shalom Cortés no se hizo esperar.

El otro detalle es que este es un partido rémora que al menos en La Piedad nunca ha podido ganar ni siquiera un “chin cham pú”. ¿Será que en los próximos días veremos al PT ofreciéndole a Torres Piña la misma lealtad incondicional que le juraron a Morón?

 

Dicen las Malas Lenguas que ahora que ya quedó definido el coordinador estatal, empieza la verdadera pelea: las candidaturas a diputaciones federales, diputaciones locales y alcaldías.

En el distrito de La Piedad ya levantaron la mano Melba Albavera, quien buscaría nuevamente la presidencia municipal; Miroslava Shember, que también aspira a gobernar el municipio; y Rogelio Zarazúa, secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, cuyo nombre aparece cada vez con más frecuencia en las bardas de la ciudad y las conversaciones de quienes se juntan para hablar de grilla.

Las combinaciones son infinitas. Zarazúa podría ir por la alcaldía, Melba brincar a la federal y Miroslava quedarse con la local. O exactamente al revés. En Morena las piezas cambian de lugar con una facilidad que haría llorar de emoción a cualquier ajedrecista.

Mientras tanto, en Yurécuaro, el alcalde Moisés Navarro también sueña con una diputación local, aunque él mismo ha reconocido en más de una ocasión que no ve sencillo que la dirigencia le dé luz verde.

La mayoría de ellos apoyaba a Gladys Butanda, ahora ya son institucionales. Dicen.

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Dicen las Malas Lenguas que el caso del PRD merece un capítulo aparte. Muchos ya lo daban por difunto, pero resulta que todavía respira.

En La Piedad los militantes visibles caben casi en una selfie de baja resolución: Tatiana Ayala, su papá Rafael Ayala Villalobos y el hijo de este, quien ya está siendo adiestrado en la oratoria y la gestión (es un decir).

Ah, también está Raúl Hernández Núñez, ni me acordaba de él porque a veces pienso que es azul.

Pero sí, aunque usted no lo crea, el partido sigue existiendo como fuerza local en Michoacán, gobierna en dos o tres municipios y ya anda organizando asambleas rumbo al 2027.

Lo realmente admirable es la capacidad de supervivencia de algunos de sus perfiles: Tatiana Ayala ha construido una carrera política constante con un partido cuyo padrón es más delgado que una rebana de lomo de las tortas al vapor de “El Rápido”.

Pues esa esbelta cantidad de votos le ha servido para ser regidora en tres ayuntamientos panistas y coordinadora (a mí no me reclamen, así era decía el letrero de su oficina) de Ecología en el gobierno del Inge Estrada.

 

Dicen las Malas Lenguas que en el PAN de La Piedad hay demasiado optimismo. Muchos ya hablan de César Oceguera como si la candidatura estuviera escriturada, aunque todavía falta que las cúpulas hagan sus cuentas y recuerden que existe eso llamado equidad de género.

El problema no es la confianza. Es la soberbia.

Hay directores y jefes de área que ya se sienten recontratados para el siguiente trienio y olvidan un detalle elemental: el ciudadano no califica un gobierno viendo una banqueta recién colada.

Lo califica cuando llega al SAPAS, al Predial, a Tesorería o a Tránsito y lo atienden bien.

Lo califica cuando Reglamentos acude rápido a atender los reportes de vecinos ruidosos. Lo califica cuando ve que los vehículos oficiales se estacionan en los lugares correctos.

Lo califica cuando ve que los sindicalizados se quedan horas extras a cumplir con la chamba.

Lo califica cuando entra a una oficina a las once de la mañana (ya no digamos que a las 8, es mucho pedir) y encuentra a alguien capaz de tomar una decisión.

“Pero aquí no es así”, dice una canción de Caifanes que volvió a ponerse de moda en el reciente Mundial de futbol.

 

Dicen Las Malas Lenguas que ya que estamos hablando de futbol, hemos observado algo muy curioso en La Piedad. Los futbolistas no traen en sus playeras el nombre de Messi, Ronaldo, Halland, Mbappé, o ya de perdis de Morita. Por todos lados vemos que han decidido ponerse el nombre de César Oceguera.

Y es que son ellos, los jugadores y delegados de los equipos llaneros, quienes decidieron que sus uniformes llevaran el nombre de tan distinguido deportista.

No, no vaya usted a pensar que está haciendo actos anticipados de campaña y que el secretario del ayuntamiento tenga luego que justificar el dinero invertido en playeras de equipos que ni siquiera juegan en La Piedad.

 

Dicen Las Malas Lenguas que dentro del mismo PAN hay mujeres que siguen preguntándose por qué nombres como Vanessa Caratachea, Brenda Orozco, Elia Escobar o Blanca Iris Espinoza siempre aparecen en la conversación… pero a quienes difícilmente se les daría una oportunidad para buscar la presidencia municipal.

Para muchos piedadenses, cualquiera de estas mujeres tiene las mismas capacidades de resolución, administración o gestión que cualquiera de los hombres que aspiran a los cargos de elección que el PAN se disputará.

Solo como experimento social, plantee usted a sus amigos estas preguntas: si le pusieran a elegir entre Brenda Orozco y César Oceguera, ¿a quién preferiría? ¿Y si la contienda por la diputación fuera entre Hugo Anaya, Elia Escobar y Vanessa Caratachea o Blanca Iris Espinoza y Samuel Hidalgo

 

Dicen las Malas Lenguas que en el Gobierno de La Piedad bastan dos segundos para echar a perder un buen evento. No, en esta ocasión no vamos hablar de las constantes fallas del sonido.

Es algo más simple: el año pasado a las autoridades se les ocurrió la idea hacer la carrera de botargas, en el marco de las fiestas patrias. Esta vez, se tomó la idea crear La carrera de «Prensa contra Presi» y terminó siendo uno de los momentos más divertidos de la jornada. Hubo una carambola espectacular, comunicadores rodando por el suelo y un cierre que hizo reír hasta a quienes no sabían quién iba ganando.

Todo marchaba bien hasta la premiación.

Cuando llegó el momento de entregar una botella de licor al vencedor, el micrófono decidió hacer periodismo por cuenta propia.

Clarito se escuchó la voz del director de Fomento Agropecuario,«Betillo«, pidiéndole a uno de sus asistentes:

—»Pásame una de las más corrientes.»

Y desde ese instante ya nadie supo si hablaba de la botella… o del detalle.

Hay micrófonos que amplifican discursos.

Y hay otros que desnudan costumbres.