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ACOSO SEXUAL: AMENAZA LATENTE

Por: Mayra Teresa Gaxiola Soto

Casos como el de la jovencita empleada de farmacia en el centro de salud de La Piedad que se atrevió a denunciar públicamente el acoso sexual que dice sufrió de parte del doctor Eduardo González, se dan continuamente, aunque poco se conocen.


Al hacerse público empezaron a platicar entre si enfermeras, auxiliares, secretarias y otras empleadas que, al entrecruzar versiones, se supo con qué recurrencia se dan estos abusos sin que las instancias jerárquicas superiores actúen.

El temor a no encontrar trabajo en otra parte, la esperanza de que su situación mejore cuando se dieran cambios de jefaturas y en la mayoría de los casos, la inamovilidad de ‘los jefes’ para defenderlas, ha hecho que muchas prefieran callar y seguir aguantando, comentaron algunas de las propias empleadas que han estado en esta situación, algunas por años.

ESCOGIÓ EL PEOR MOMENTO PARA HACER DE LAS SUYAS

Pero en medio de la indignación, del coraje que hierve en las venas en estos momentos en que las mujeres están demostrando que no están dispuestas a permitir ya ningún tipo de violencia, al doctor González -a quien directamente acusa la empleada del centro de salud-, se le ocurre tratar de abusar de una mujer, de una jovencita indefensa que creyó que estaba a su disposición.

PRUEBA DE FUEGO PARA ROBERTO CARLOS IBARRA

Y ahora ya no se trata de posar para las fotos de sus redes sociales, de publicar todo el trabajo que está haciendo, -que no calificamos sea bueno o malo-, ahora el jefe de la jurisdicción sanitaria número VI, Roberto Carlos Ibarra Pimentel, tiene la oportunidad de demostrar de qué está hecho.

Las instituciones públicas tienen la obligación de procurar la protección efectiva de la mujer contra todo acto de discriminación y no seguir permitiendo los abusos que se dan en todos los ámbitos, pero si no lo hacen, que se cuiden los abusadores porque las chicas ya no están dispuestas a permitirlo.

Por un lado, las mujeres tienen que estarse cuidando de la delincuencia organizada que hace de las suyas en todo el país y por el otro, también deben estar impidiendo el asedio de sus jefes por creer que, al ser vulnerables, al estar necesitadas de chamba, deben aguantar.

Pero como vimos este lunes en el centro de salud “Guadalupe Mateos y Vega” de La Piedad, las movilizaciones masivas a nivel nacional para protestar por la creciente violencia contra las mujeres han impactado y han hecho fuertes a otras para no dejarse más.

LE PIDIERON CALLARSE

Hacía quince días ya que había ocurrido el incidente donde el doctor González intentó abusar de la jovencita empleada del centro de salud, según la declaración de la propia afectada, al día siguiente -porque esa tarde salió corriendo asustada- lo denunció a sus superiores, -no dio nombres- pero le dijeron que esperara y no les dijera a los directivos.

Se atravesaron las vacaciones y durante quince días no se hizo nada al respecto, de ahí que explotó la bomba. Las mujeres de administración y enfermería enteradas ya de la situación se unieron y sin abandonar sus labores manifestaron su inconformidad y apoyo.

“Tocan a una y nos tocan a todas”, “El acoso de una es la impotencia de TODAS”, “Dr. Eduardo González NI UNA MAS #Apoyo total a la compañera”, “Exigimos que no labore más en este Centro de Salud”, “Fuera González”, “Alto al acoso”, “Ni una más”, fueron algunas de las consignas que colocaron a la entrada del Centro de Salud” de esta ciudad.

El doctor acusado en esta ocasión no tomó en cuenta que las mujeres ya despertaron y no están dispuestas a permitir ningún tipo de abuso, mucho menos lo que intentó hacer. De acuerdo con lo declarado por las mismas enfermeras, se sabe que la jovencita estaba guardando las cosas de su área de trabajo, cuando González llegó por detrás, la abrazó y comenzó a tocar sus pechos, deslizando sus manos hacia los genitales, pero ella se soltó y salió corriendo rápidamente.

Afortunada o desafortunadamente, toda esta situación de violencia que asedia a las mujeres ha despertado la conciencia feminista y pese a que las circunstancias de necesidad de trabajo, el temor a que, si dejan esa chamba, se les dificulta hallar otra sean las mismas, en el centro de salud de La Piedad demostraron que ya no están dispuestas a callar y seguir aguantando abusos.

Ahora las mujeres están conectadas por millones, en este caso como compañeras de trabajo en el centro de salud local se solidarizaron, pero a nivel municipal, regional, estatal, nacional y mundial, las chicas suben a Instagram, Facebook y Twitter, posts de apoyo y protesta con lo que se convierten en activistas ciber con influencia para juntas levantar la voz.

PASA LA BOLITA AL JURÍDICO

En este caso concreto, dependerá de los directivos de salud local y jurisdiccional, que el asunto pase a otro nivel, concretamente del doctor Roberto Carlos Ibarra, quien declaró tener conocimiento del caso, pero lo turnó al departamento jurídico. ¿y ahora…qué sigue?

Las tímidas manifestaciones de protesta que se dieron esta semana en La Piedad pueden subir de nivel porque la gravedad de la violencia contra las mujeres ha desatado la furia que se exacerba con fuerza sobre todo entre las jovencitas que emocionadas se solidarizan ante la más mínima agresión contra cualquier fémina y sus acciones unidas influyen en la opinión pública atraen a los medios de comunicación y si no se actúa y pronto, pueden rodar más cabezas (léase jefe jurisdiccional) además de la del propio implicado en este presunto acoso sexual.

Toda la situación violenta que asedia a las mujeres despierta la conciencia feminista transformando las formas de pensar de la juventud que a través de sus redes sociales logran alcanzar a más y más personas al mismo tiempo generando un pensamiento de lucha común.

Lo que hicieron las enfermeras y personal administrativo del centro de salud es muy importante, se atrevieron a unirse para levantar la voz, pero de nada habrá servido si el jefe jurisdiccional no

logra que el departamento jurídico de la Secretaría de Salud, como ofreció, haga algo al respecto, porque triunfaría la impunidad y entonces una de dos, o arde troya o de plano, las mujeres afectadas o inconformes se dan por vencidas.

Ya la afectada acudió a la instancia jerárquica superior; no hizo nada y hasta le pidió callar. Ya sus compañeras se solidarizaron y manifestaron. Ya aceptó el máximo jefe jurisdiccional de salud estar enterado y sólo lo turnó al jurídico. Ya se hizo público en los medios de comunicación y todo esto, nos recuerda lo mucho que falta por hacer para que la mujer sea respetada; lo vulnerables y desprotegidas que estamos.

Al platicar con algunas enfermeras piedadenses, comentaron que ya se han dado otros casos de denuncias de acoso y nunca han prosperado aun cuando hubo momentos en que de verdad esperaban una intervención activa de parte de quien ese ese momento ocupaba la jefatura de la jurisdicción, por lo que se sintieron defraudadas y eso se tradujo en una sensación de desaliento, al grado de que prefieren callar porque saben que no cuentan con el apoyo institucional.

Pero todavía más, no sólo no han hecho nada contra los abusadores en la jurisdicción sanitaria, sino que sus acosadores, que por lo general son sus jefes, en represalia les cargan el trabajo, les adjudican errores que no cometen, descalifican en general todo lo que hacen, no las mandan a cursos de capacitación o actualización y hasta les bajan la calificación en su desempeño, afectándolas económicamente en la obtención de apoyos económicos, entre muchos otros.

Hay incluso enfermeras o empleadas administrativas que se han atrevido a denunciar y resultan seriamente afectadas en su salud después de no lograr que se haga justicia, porque con tanto hostigamiento y malos tratos de su acosador -que no es castigado- se quedan con sentimientos de rabia, miedo, amenaza y agresiones permanentes que les produce insomnio, alta presión, intestino irritable, jaqueca, solo por mencionar algunos de los males, dijeron.

Según las entrevistadas, es una realidad que ocurre hace años y lamentablemente ningún jefe jurisdiccional las ha defendido. Una de las formas de acoso más comunes es cuando los doctores o jefes administrativos les hacen comentarios insistentes sobre su cuerpo.

A otra le ofrecieron un ascenso laboral a cambio de sexo; aunque rara vez las han amenazado con despedirlas si rechazan alguna proposición sexual, si ha habido a quienes las han tocado en sus partes pretextando reducido espacio laboral y esto es lo más recurrente que ya lo ven como normal.