Dra. Magdalena A. García Sánchez
CEQ-COLMICH
Hoy es 20 de enero, fecha en la que típicamente en nuestra ciudad se celebra un aniversario más de lo que durante muchos años se llamó “la fundación” de La Piedad. Pero a lo largo del tiempo, como es sabido, los estudiosos han dado cuenta de que no hay una fecha de fundación propiamente dicha; es decir, a diferencia de otras muchísimas localidades, pueblos y otros asentamientos que cuentan con un documento oficial en donde hay una fecha exacta de fundación, para La Piedad no existe tal cosa.
Lo que sí hay en los documentos históricos que aún pueden consultarse es la referencia de que, también como es sabido, nuestra ciudad se gestó a partir de un pequeño grupo de mulatos que se asentó en una zona cenagosa, fría y húmeda, incómoda, localizada atrás del actual Templo de la Purísima Concepción, que tenía recursos que les permitieron alimentarse y comerciar para conseguir aquello necesario en su vida cotidiana.
Sin embargo y para satisfacer nuestra necesidad de fijar la antigüedad de nuestra historia, hay quienes retoman como un antecedente a los vestigios de quienes habitaron esta región en la época anterior a la llegada de los españoles (es decir, hacia 1521).
Desde luego lo es, pero aquellos habitantes nada tuvieron que ver con aquel pequeño grupo de mulatos, ni en el contexto histórico que les tocó vivir, ni en la manera en que se organizaban para trabajar, ni en las actividades cotidianas, ni en los dioses que adoraban, ni en la manera de nombrar el lugar que habitaron, en nada pues.
Así, poniendo como ejemplo a los antiguos habitantes de lugares que hoy se conocen como Cerrito del Muerto y Zaragoza (también llamada Cerro de los Chichimecas) así como otras partes de nuestra ciudad, cuyas fechas los ubican más de 700 años antes de que los mulatos llegaran a ese espacio en que nadie vivía, no es difícil sostener que nuestro territorio actual ha dado cobijo a sociedades humanas desde tiempos muy antiguos. Anotemos no obstante, que sí hubo algo en común entre la gente del periodo anterior a los españoles y los que habitaron después: las aguas del Lerma.
Hacia finales del siglo XVII (por 1690 más o menos), el pequeño grupo de mulatos dio la bienvenida a más y más gente que fue agregándose; llegaron purépechas, mestizos pobres, negros, y todos participaron en el proceso de crecer paulatinamente el asentamiento que para entonces se llamaba San Sebastián Aramuratillo; fueron tantos que como narra la historia, en una buena noche el mismísimo Señor de la Piedad se apareció a aquellos pescadores que regresaban a sus casas después de trabajar y luego se negó a abandonar a su pequeña grey. También el Señor de la Piedad fue bienvenido y llegó para quedarse, por eso allá por 1871 se le dio el nombre que aún lleva orgullosamente nuestra ciudad: La Piedad, con el apellido del sacerdote ingeniero que rediseñó el lugar al grado de formarlo como una ciudad, el padre Cavadas.
Entonces ¿qué podemos celebrar el próximo 20 de enero? Cada año es una oportunidad para recordar, regenerar y celebrar los valores sociales que nacieron y se desarrollaron durante el largo proceso de conformación de nuestra ciudad y que son un sello de identidad:
- el respeto por el río Lerma que les alimentó
- la solidaridad entre personas que fueron llegando poco a poco como aún hoy en día
- la unión que constituyó su fuerza
- el trabajo y la dedicación como actividades para vivir y enseñar a las generaciones jóvenes
- el amor a su tierra y a su agua
- una conmovedora fe al Señor de la Piedad, a San Francisco y a las advocaciones de María como una madre protectora.
Por eso aunque las fechas de los hechos históricos pueden afinarse con nuevos estudios, la precisión temporal nunca se comparará con el renovado recuerdo de que año con año, los valores sociales que se gestaron desde hace siglos siguen presentes en nuestros días.









