La Piedad, Mich.- El campo mexicano enfrenta una transformación silenciosa pero preocupante: quienes durante décadas trabajaron la tierra envejecen, mientras las nuevas generaciones se alejan cada vez más de las labores agrícolas.
En estados como Michoacán, donde la actividad agrícola representa uno de los pilares de la economía, el fenómeno comienza a reflejarse con claridad en las comunidades rurales. La edad promedio de los campesinos ronda actualmente los 60 años, mientras que gran parte de los jóvenes herederos de parcelas prefieren migrar a las ciudades o buscar oportunidades laborales en Estados Unidos.
Así lo señaló Marx Aguirre, subsecretaria de Organización y Desarrollo de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), quien reconoció que el envejecimiento del campesinado es uno de los principales retos que enfrenta el sector agrícola en la entidad.
“Los jóvenes ya no quieren seguir la cultura del cultivo”, resume la funcionaria al describir una realidad que se repite en distintas regiones del estado.
Levantarse antes del amanecer, soportar jornadas bajo el sol y depender de cosechas sujetas al clima y a los precios del mercado ya no resulta atractivo para muchos jóvenes, quienes optan por empleos urbanos o por migrar.
Sin embargo, el abandono del campo no solo implica una crisis generacional. También abre la puerta a otros fenómenos que transforman la dinámica rural.
De acuerdo con Aguirre, la ociosidad de las tierras facilita el ingreso de grandes empresas trasnacionales interesadas en cultivos altamente rentables como el aguacate, las berries o el agave. En muchos casos, los pequeños propietarios terminan cediendo el uso de sus tierras y pasan de productores a simples observadores de la actividad agrícola.
A este panorama se suma otro factor que desde hace años afecta diversas regiones agrícolas del país: la presencia del crimen organizado, cuya influencia modifica las condiciones de producción y comercialización en el campo.
Ante ello, la SADER trabaja en estrategias para incentivar la reinserción de jóvenes en las actividades agrícolas, promoviendo esquemas comunitarios que permitan que los beneficios económicos de la producción permanezcan en las comunidades y no únicamente en manos de grandes corporaciones.
Aunque existen esfuerzos institucionales para enfrentar estos desafíos, especialistas y productores coinciden en que el relevo generacional en el campo mexicano sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes.









