Dicen las Malas Lenguas que han pasado ya los primeros meses del gobierno de Samuel Hidalgo y hay directores que siguen sin encontrarle la brújula al cargo que les regalaron. Un ejemplo brillante es el de Ecología, donde, durante más de una década, se dejó de hacer lo mínimo indispensable para evitar el desastre ambiental que hoy nos azota. La quema indiscriminada de lotes baldíos, la basura adornando las calles y la plaga de mosquitos que tiene a los piedadenses como piñata de zancudos no son casualidad. Lo más hermoso del asunto es que al frente de esa oficina está Luis Humberto Ortiz Gómez, el mismo que, con su pasividad, dejó que todo esto se convirtiera en una verdadera bronca.
Otro caso es el de Noel Rincón, quien fue presentado como el «fichaje bomba de la administración» para encabezar la dirección de Promoción Económica, pero hasta ahora su gran aportación ha sido… bueno, intentar copiar lo que hicieron sus antecesores (y ni siquiera con buena caligrafía). Nos quisieron vender la idea de que el Festival de las Carnitas fue un éxito rotundo, pero los principales carniteros del pueblo ni se aparecieron, mucho menos los foráneos. Años atrás se presentaron comerciantes de Quiroga, Tacámbaro, Purépero y otros pueblos que, al igual que La Piedad, presumen elaborar las mejores carnitas del mundo. Esta vez no, esta vez había cocadas, turrones y mezcal.
Eso sí, algunos funcionarios municipales aprovecharon para vender sus productos, porque al parecer, aquí el emprendimiento comienza desde dentro del ayuntamiento.
Uno de los graves problemas es que la comunicación entre dependencias es tan mala que parece que juegan al teléfono descompuesto. Un claro ejemplo fue la carrera atlética del domingo pasado, que apareció de la nada como un fantasma. Nadie supo quién la organizó, nadie avisó qué calles se cerrarían y, para rematar, Tránsito Municipal decidió bloquear vialidades hasta las 11 de la mañana, aunque la carrera ya había terminado hacía rato. ¿El resultado? Un padre de familia tuvo que cargar en brazos a su hijo con una pierna fracturada desde el Mercado Gildardo Magaña hasta el Hospital Santa María porque los agentes del orden y el caos no le dejaron pasar con su vehículo. Y no fue el único afectado; en el Hospital de Especialidades también hubo quienes tuvieron que aprender lo que es una «ruta de obstáculos» en la vida real.
Dicen las Malas Lenguas que el director de Seguridad Pública, Aldo Alvarado Hernández, anda más inflado que globo de fiesta con eso de que quiere ser alcalde de La Piedad. Y bueno, tiene derecho, porque en este país cualquiera puede soñar. Pero tal vez debería decirle a Luis Bonilla (quién simula trabajar en la biblioteca) que le baje tantito a su emoción, porque eso de hacerlo ver como un superhéroe cada vez que hay una emergencia ya raya en lo ridículo. O sea, si en cualquier momento aparece un mural suyo con capa y antifaz, no nos sorprendería. Además, lucrar con el dolor ajeno es una estrategia que ya huele a rancio.
Dicen las Malas Lenguas que otro que anda con la misma calentura electoral es el regidor priista Jesús Rodríguez. Pero, como no se le ocurrió nada original, ha optado por la misma táctica: cobijarse con el mismo personaje de la biblioteca (en lugar de trabajar, usa recursos públicos para hacerle promoción a todo aquel que le haga ojitos). Ahí tienen también a César Oceguera, quien, dicho sea de paso, también quiere la alcaldía. Si seguimos así, pronto va a faltar espacio en la boleta.
Ojalá a los tres ya mencionados los sancione el Tribunal Electoral del Estado de Michoacán (TEEMich) o la Auditoria Superior de Michoacán (ASM) por utilizar a un empleado sindicalizado como su promotor, haciendo uso de espacios y equipo que es propiedad de los piedadenses.
Dicen las Malas Lenguas que en esta administración no se jala parejo. Algunos directores hacen el esfuerzo de chambear y organizar eventos que prometen ser todo un éxito… hasta que, a la mera hora, algo se va por el caño. Ya sea porque contratan siempre al mismo sonido que no se escucha o porque se les olvida invitar a la gente. Ejemplos hay de sobra: la presentación de la Banda de Música de la XXII Región Militar terminó más desangelada que fiesta sin chelas, y la rifa del viaje a la playa promovida por el alcalde Samuel Hidalgo fue un verdadero misterio para los asistentes. Esa noche, el 90 % de las personas reunidas en torno al árbol navideño se preguntaban: ¿Cuándo avisaron de la rifa? ¿Dónde se conseguían los boletos? Algo similar pasó con el sorteo de Vanessa Caratachea: el día del evento apenas había dos o tres boletos en la urna y tuvieron que pedirles a los empleados municipales que pusieran su nombre para rellenar el hueco. Pero lo mejor vino después, cuando la ganadora fue anunciada: ¡Nada más y nada menos que la maestra de ceremonias! Imagínese el espectáculo: «¡Señoras y señores, qué emoción! ¡El nombre del ganador es… ay, caray, soy yo!»
Si eso no es magia, no sé qué lo sea.
Dicen las Malas Lenguas que por primera vez en la historia, La Piedad tiene a tres mujeres haciendo trabajo legislativo: Melba Albavera y Vanessa Caratachea en el Congreso local y Miroslava Shember en la Cámara de Diputados. Pero hasta ahora, lo único que se sabe de ellas es que siguen vivas. En campaña juraron que regresarían a escuchar y atender a los ciudadanos, pero parece que el GPS se les descompuso en cuanto pisaron la capital.
Bueno, Vanessa por lo menos fue madrina del Niño Dios. Eso también cuenta ¿qué no?
Dicen las Malas Lenguas que la tan cacareada alianza entre el PT, el Verde y Morena solo existió en la mente de sus líderes. En el cabildo de La Piedad, los regidores de estos partidos han protagonizado más batallas que una telenovela, queriendo imponerse unos sobre otros. Ni para compartir oficina se pudieron poner de acuerdo. Al final, berrinche mediante, cada quien se quedó con su propio despacho, secretaria, presupuesto administrativo y hasta dinero para café y galletas, todo patrocinado por el bolsillo de los piedenses. Si así gestionan una oficina, no queremos imaginar cómo administrarían un municipio entero
Dicen las Malas Lenguas que al presidente municipal, Samuel Hidalgo, le salió más que redonda la jugada de incluir candidatos ciudadanos en las regidurías. Y es que, con cero experiencia política, ninguno le cuestiona nada. Al contrario, ahí los tiene preguntando qué significa glosa, cuál es la diferencia entre gobierno, ayuntamiento y municipio, y levantando la mano cuando él lo ordena como si estuvieran en un salón de clases… pero de primaria. Callan cuando deben, aplauden cuando conviene, y hasta le llevan el café calientito. Todo un equipo funcional, si el objetivo es no hacer olas.
Es cierto, al presidente le salieron buenos muchachos, pero ¡qué caros les están costando estos personales al pueblo de La Piedad!
Dicen las Malas Lenguas que el único que al menos intenta simular que trabaja es Luis López, quien tuvo la brillante idea de montar su oficina en una tiendita. Pero no cualquier tiendita: una donde los piedadenses pueden comprar bicicletas y televisores a un precio más bajo que en el mercado local… claro, con interés político de por medio. No sabemos si está haciendo gestión social o vendiendo fiado con fines electorales, pero si en la próxima elección ofrece refrigeradores, tal vez hasta gane más votos que Morena en 2018.
Dicen las Malas Lenguas que el cabildo de La Piedad parece más un club social que un órgano de gobierno. Ahí tenemos a Memo Pérez Rincón, Rodolfo Chavolla, Tatiana Ayala, Jesús Rodríguez, Chelita Méndez Reyes y Miguel Ángel Sánchez, todos con su respectiva silla, su nombre en la lista de nómina y, en algunos casos, hasta con oficina con aire acondicionado. ¿Resultados? Casi nada. ¿Propuestas? Menos. ¿Escándalos? A montones. Si se organizaran mejor, podrían hacer su propia versión de la Casa de los Famosos donde la prueba para sobrevivir a la nominación semanal se defina entre quién se queda dormido primero en sesión y quién logra hablar sin leer torpemente lo que le escribieron.
Dicen las Malas Lenguas que algunos regidores apenas han estrenado su silla y ya piensan en brincar a otro cargo. Para muestra Luis López, Jesús Rodríguez y Edmy Paz. A lo mejor creen que esto funciona como los puntos de Infonavit, donde con solo existir ya puedes aspirar a una casa más grande. Pero la política no es tan fácil (bueno, a veces sí), y menos si lo único que han hecho es calentar el asiento y cobrar puntualmente.
Dicen las Malas Lenguas que, si el cabildo funcionara como una empresa privada, más de uno ya estaría firmando su renuncia por incompetencia y ahí podemos enlistar a Perla Moncada, Carlos Daniel Castillo, Rosario Solís y Margarita Gallardo cuya preocupación más grande ha sido el espacio en la oficina que ocupan y que su nombre se pronuncie bien en los eventos a los que asisten.
Pero como aquí se vive del erario, pues hay suelditos seguros, prestaciones, y hasta aguinaldo, aunque la productividad sea casi nula. Ahí los tenemos, sacándose la foto en cada evento sin tener ni idea de qué se está celebrando, levantando la mano se les indica y, en el mejor de los casos, compartiendo publicaciones en Facebook como si con eso ya hubieran cambiado al municipio.
Así, pos ¿Cómo?