Dicen las Malas Lenguas que en Michoacán la “unidad” morenista ya es puro cuento, y que la relación entre Raúl Morón y Alfredo Ramírez Bedolla está más congelada que abrazo entre suegras. No se hablan, no se coordinan y apenas se cruzan miradas. Bedolla se aferra a que una mujer sea la próxima gobernadora y ya se ha descarado en su apoyo a Gladys Butanda, pero Morón lidera todas las encuestas.
Sin embargo, todos sabemos que en Morena la voz del pueblo bueno y sabio no cuenta. No dude usted que en una de esas los morenistas en el poder utilicen a sus compas del poder judicial para quitarse de enfrente a personajes de su propio partido que les resulten incomodos.
Dicen las malas lenguas que lo que se avecina en Morena no es renovación, ni organización, ni fortalecimiento territorial. No. Lo que se viene es una pelea de esas que ni en la arena Coliseo: morenistas contra morenistas, jaloneándose el hueso como en los viejos tiempos del PRD.
Resulta que a partir del 1 de agosto arrancan los trabajos para conformar los comités ejecutivos municipales del partido guinda, como parte de su nueva estrategia electoral rumbo a 2027. En cada una de las 71 mil 541 secciones electorales del país habrá un comité de al menos cinco entusiastas morenistas encargados de promover el voto, defenderlo con uñas y dientes y, claro, vigilar que nadie les quiera jugar chueco… aunque los dados ya vengan cargados desde antes.
Imagínese usted el agarrón que se va a armar en La Piedad para definir quiénes integrarán ese selecto grupo. Porque aquí nadie quiere quedarse fuera del reparto, y menos ahora que ya huelen las candidaturas como carnitas recién hechas.
Dicen los que saben —y los que nomás andan de metiches— que las diputadas Melba Albavera y Miroslava Shember ya andan viendo a qué incondicional le acomodan el puesto. Pero también se preparan para la refriega el Dr. Pepito, Seyra Alemán, Reyes Quiroz, Iván Rizo y toda la vieja guardia que jura haber superado al PRD… pero que sigue aplicando las mismas mañas.
¿Será que veremos una elección democrática de verdad? ¿O nomás se tratará de una asamblea de aplausos y un padrón inflado con militantes que ni sabían que ya eran militantes? Dicen que el dedazo se anda disfrazando de consulta interna, pero con el guion ya escrito y los aplausos ensayados (igual que la elección de Carlos Torres Piña como Fiscal General).
Lo que sí es seguro es que al final, los perdedores no van a aceptar la derrota ni aunque les enseñen el acta. Y como ya es costumbre, saldrá a relucir la mafia del poder, esa que tanto critican… pero que ahora se viste de guinda, cobra en nómina y te saluda con la izquierda, mientras te clava el puñal con la derecha.
Dicen las Malas Lenguas que ya nadie le cree al DIF municipal de La Piedad cuando llega a ofrecer apoyos en las escuelas públicas.
Resulta que, en escuelas como la Otilia Castillo, allá en el barrio de Potrerillos, las madres de familia ya se tapan los oídos cuando escuchan la palabra “despensas”. Y es que, aunque el personal del DIF municipal llega muy puntual con su carpeta de “apoyos para familias vulnerables”, lo que no llega es el apoyo en sí.
Dicen las mamás quejosas que para inscribirse en el famoso programa de despensas, les piden hasta el tipo de sangre del niño, copia de la cartilla, comprobante de domicilio, CURP, INE de la mamá y —por si fuera poco— una valoración médica del menor. Pero eso sí: la promesa es que «pronto recibirán el apoyo”.
¿Y qué creen? Que no. Que no llega.
Ya van tres veces que las mamás entregan toda la documentación, y cuando por fin llega la fecha de entrega de las despensas… ¡pum! Los niños no aparecen en la lista!
¿La excusa oficial? La de siempre: “Se traspapelaron los papeles”. Les piden volver a entregar todo —por cuarta vez en algunos casos— y con una sonrisa, les prometen que ahora sí van a recibir la ayuda.
Ahí, la directora Mary Madrigal debe ponerse bien las pilas, porque entre tanta promesa rota, lo único que de verdad se ha “traspapelado” es la confianza de la gente. Y esa, no se recupera con una bolsita de frijol y arroz.
Dicen las Malas Lenguas que Heriberto López, mejor conocido como “El Betillo”, ya se volvió un dolor de cabeza dentro del gabinete municipal. Y no precisamente por su eficiencia, sino porque con un par de chelas encima, se le suben los humos y los modales se le caen hasta el suelo.
Según cuentan en los pasillos del gobierno municipal, ya van al menos dos directores a los que «El Betillo» les cantó un tiro, como si el ayuntamiento fuera cantina y no oficina pública. Y lo peor: todo con el pretexto de que “no lo respetan” o “se la deben”.
Pero ahí no para el asunto… porque en algunas comunidades rurales ya lo traen en jabón, hartos de sus desplantes, su actitud altanera y sus promesas incumplidas. Los vecinos ya no quieren saber nada de él.
Parece que no es cuestión de si habrá otro pleito, sino de cuándo y con quién.
Dicen las Malas Lenguas que en La Piedad la Dirección de Tránsito anda más ocupada en montar retenes que en prevenir accidentes de verdad, y que el famoso alcoholímetro ya no es sinónimo de seguridad, sino de hartazgo.
Los ciudadanos se quejan de que cada fin de semana es lo mismo: retenes sorpresa, motos decomisadas, calles cerradas… pero los choques, volcaduras y derrapes siguen igual o peor. No hay día que no haya un lesionado, una motociclista embarrado en el pavimento o un coche con el cofre hecho acordeón.
Entonces, la pregunta es obligada: ¿está fallando la estrategia?
Porque eso de andar cerrando vialidades para producir dos “cortometrajes de concientización” suena muy bonito, pero nadie los ha visto. Ni en redes, ni en escuelas, ni en los grupos de WhatsApp donde todo circula.
Dicen las Malas Lenguas que el gobierno de Samuel Hidalgo se aventó la puntada de construir el flamante Teatro al Aire Libre “Miguel Hidalgo”, con bombo, platillo… y una inversión que, por cierto, nadie sabe cuánto costó. Lo único que sí se supo fue que la inauguración fue con alfombra roja y sonrisa de oreja a oreja.
Según se dijo en su momento, el espacio sería un pulmón cultural para La Piedad, un lugar donde las expresiones artísticas y las actividades comunitarias florecerían como bugambilias en primavera. Peeero… la realidad ha sido más bien seca.
A casi un año de su apertura, el tan presumido teatro sólo ha albergado cuatro eventos. Cuatro. Y eso contando la inauguración y dos actividades promovidas —¡sorpresa!— por el Gobierno del Estado.
Con ese ritmo, el recinto cultural va más para mirador de palomas que para semillero artístico. Y mientras tanto, la Dirección de Cultura, encabezada por el profe Horacio Sánchez, parece más ocupada en los silencios que en los escenarios.
Dicen las Malas Lenguas que, con la reforma impulsada por el morenismo para eliminar la Ley de Transparencia, los ciudadanos nos quedamos en “modo Shakira”: locos, ciegos y sordo mudos… pero eso sí, bien gobernados (según ellos).
Pero fue el gobierno panista de La Piedad quien se sacó la lotería sin comprar boleto. Y es que ahora nadie está obligado a decirnos nada, ni aunque lo pidamos con firma electrónica y copia de la credencial.
Gracias a esta jugada legislativa, el municipio ya no tiene por qué contestar las múltiples solicitudes de información que solían hacer personajes afines al partido guinda como Reyes Quiroz, Jonathan Bañales o Enrique de Anda, quienes querían saber hasta cuánto se gasta en publicidad institucional, gasolina, papelería o plantas de ornato.
Ahora, con el respaldo de una ley que favorece el oscurantismo, todo se queda bajo llave. Lástima, Margarito… Me iba a reír, pero creo que no es correcto.
Dicen las Malas Lenguas que gracias a la opacidad institucionalizada, nunca sabremos cuánto se perdió en el Festival del Globo o en la Expo Feria La Piedad. Dos eventos tan espectaculares como misteriosos en su presupuesto. ¿Balance financiero? Bien, gracias.
Tampoco habrá respuestas sobre el regreso de Mary Aguirre a la nómina municipal, luego de haber sido destituida hace cuatro años. ¿Reconciliación política? ¿Acuerdo de pasillo? ¿Exorcismo administrativo? Nadie sabrá.
Y ni se diga del abrupto adiós del director de Obras Públicas, Armando García, quien fue borrado del organigrama más rápido que un meme en campaña. ¿Qué pasó ahí? Silencio absoluto.
Con estos cambios, el gobierno ya no tiene que rendir cuentas. Así que si usted quiere saber en qué se gasta el dinero del pueblo… mejor cómprese una ouija. Porque la transparencia, en La Piedad, ya pasó a mejor vida.
Dicen las Malas Lenguas… Que algunos personajes del Gobierno municipal ya andan en modo campaña adelantada, queriendo hacerse populares de la noche a la mañana, como si el cariño del electorado se ganara a punta de selfies y likes. Pero hay unos que de a tiro le andan jerrando y feo, como el caso del Oficial Mayor, Juan Carlos “el Koski” Chávez.
Y es que, si su plan es conquistar simpatías, ¡más le vale replantear su estrategia! Porque esas fotos abrazado con el líder sindical, en vez de sumarle puntos, espantan hasta a los más despistados. Ya varios dicen que más que un acto político parece una escena de advertencia.
Alguien que le diga que en política también hay que saber con quién te retratas.
Dicen las Malas Lenguas que otro funcionario que anda buscando fotos perronas es nada menos que Rigo Romero, el flamante director de Relaciones Exteriores, quien no se cansa de presumir su retrato con el mismísimo cónsul Ken Salazar. Dicen que hasta la trae enmarcada junto a la medalla de San Benito.
Pero una cosa es lo que muestran las imágenes… y otra muy distinta lo que pasa en la realidad. Porque desde que tiene dos oficinas (no hay que olvidar que sigue siendo coordinador de Vinculación Internacional), es más fácil ganarse la lotería que encontrarlo en su escritorio.
Eso sí, cuando llegan las giras con los Latidos Piedadenses, ahí sí se le ve bien puesto… aunque el grupo solo cruza la frontera un par de veces al año. Y el resto del tiempo… ¿en qué se nos entretiene Rigo?
Dicen las malas lenguas que la lamentable muerte del doctor José Rubiel, ocurrida en el interior del hospital del IMSS en La Piedad, no solo dejó un hueco entre sus compañeros, sino un tufo más penetrante que el que deja la desazolvadora del SAPAS cuando “limpian” los baños del mercado.
Y es que basta rascar tantito en los pasillos del nosocomio para que salgan los trapitos al sol. Al preguntar entre el personal médico sobre el supuesto acoso laboral que vivía el galeno, lo que brotó fue un lodazal de prácticas más oscuras que una radiografía del San Miguel.
Unos a otros se echaron de cabeza. Que si el médico que canaliza pacientes del hospital a su consultorio privado —para sangrarlos con cuentas más altas que su presión arterial—, que si el otro que se agandalla medicamentos “de los caros” como si fueran suyos. Y no faltan quienes, con toda la calma del mundo, “extraviaron” aparatos médicos que luego mágicamente aparecen en clínicas particulares.
Pero donde la cosa se pone verdaderamente asquerosa es en las oficinas. Dicen los enterados —y los que ya están hartos— que hay arreglitos sabrosos con proveedores: comisiones por servicios de laboratorio, traslados de pacientes con tarifas infladas, compras de material con sobreprecio… y todo, por supuesto, con la bendición de ciertos directivos.
Y mientras unos se hinchan los bolsillos, otros apenas si pueden trabajar en paz. Porque también hay quien cobra sin mover un dedo, pero eso sí, con bata bien puesta y actitud de “yo soy la eminencia”.
Lo de Rubiel, dicen los que lo conocieron, no fue un caso aislado. Fue la gota que rebasó un sistema podrido desde sus entrañas. Un sistema donde el acoso no solo es tolerado, sino que a veces se premia; donde denunciar significa arriesgarlo todo, y donde lo que menos importa es la salud, ni la del paciente… ni la del personal.
Así que mientras los de arriba guardan silencio y los de en medio se hacen los desentendidos, la verdad se sigue pudriendo entre expedientes, recetas y actas administrativas.
Y ojo: no se necesita una autopsia para saber que ahí dentro algo —o todo— está muerto.









