CIUDAD DE MÉXICO – En un golpe de autoridad que busca sepultar cualquier narrativa de división interna, las dirigencias nacionales de Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) formalizaron este 28 de enero de 2026 un pacto de acero: irán en coalición total por las 17 gubernaturas que se disputarán en las elecciones intermedias de 2027.
Unidad sin fisuras
Bajo la consigna «más fuertes que nunca», la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, junto a los liderazgos de sus aliados, firmó una declaratoria conjunta que no solo amarra las candidaturas estatales, sino que proyecta la permanencia del bloque hasta la elección presidencial de 2030. Este movimiento estratégico ocurre tras semanas de especulaciones sobre posibles fracturas debido a las diferencias locales en estados como Oaxaca y las negociaciones por la nueva reforma electoral.
»La oposición se quedará con las ganas de vernos divididos. Esta alianza es el motor que garantiza que la transformación no tenga retorno», sentenció Alcalde durante la firma del acuerdo.
El mapa del poder en juego
La ofensiva de la 4T tiene objetivos quirúrgicos. Con este pacto, el oficialismo busca:
Blindar 12 bastiones: Defender estados actualmente gobernados por Morena y el PVEM, incluyendo piezas clave como Baja California, Sonora, Michoacán y San Luis Potosí.
Asalto a las fortalezas de oposición: La coalición unificada enviará toda su maquinaria a Chihuahua y Querétaro (bastiones del PAN) y a Nuevo León (bajo el mando de MC), donde ven oportunidades reales de alternancia.
Control Legislativo: Asegurar la mayoría calificada en la Cámara de Diputados para blindar la segunda mitad del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Estrategia ante el INE y la oposición
El anuncio anticipado funciona como un muro de contención frente a los cambios previstos en la legislación electoral. Al formalizar la coalición antes de que se endurezcan las reglas de representación, el bloque asegura una estructura logística y financiera unificada que les otorga una ventaja competitiva desde el día uno del proceso.
La oposición, que aún discute si revivir la alianza PRI-PAN o apostar por nuevas figuras, recibe este anuncio como un recordatorio de que el bloque oficialista no dará tregua en la redistribución del poder local.









