Por Enrique Carbajal Ayala
La Piedad, Michoacán.- Como cada año, septiembre se llena de color, música y pólvora: desfiles, discursos, el tradicional Grito, fiesta charra, botanas, cohetes y castillo. Sin embargo, más allá de los festejos, vale la pena detenerse en la memoria y recordar que esta tierra también tiene una huella profunda en la historia de la Independencia.
Detrás del nombre inmortal de Miguel Hidalgo y Costilla, se entreteje una red de familiares, amigos y vecinos que, desde La Piedad y su región, acompañaron o antecedieron la gesta heroica. Se trata de personajes registrados en la Cofradía de la Virgen del Rosario del antiguo curato de San Sebastián Aramutarillo, nombre con el que aparece La Piedad en actas de finales del siglo XVII.
Entre ellos destaca Don Diego Hidalgo, originario del Barrio del Molino y avecindado en la Hacienda de Santa Ana Pacueco, quien aparece encabezando padrones entre 1681 y 1683. Su vida se cruzó con la de Doña Josepha Hidalgo, vecina de Pénjamo y estante en La Piedad, Churintzio y Zináparo, quien en 1711 apadrinó, junto a su joven sobrino Antonio de Villanueva Hidalgo, el matrimonio de Antonio Naranjo con Juana María Verduzco Carvajal.
La genealogía nos lleva a Antonio de Villanueva Hidalgo, natural de Uripitio, descendiente de Esteban de Villanueva y Juana Hidalgo, casado con Doña Catalina de Ayala y Chávez, familia emparentada con los dueños de la Hacienda del Potrero. Con los años, su nombre se ligó a padrinazgos que vinculan a La Piedad con los Ramos Origel, de quienes descendería una de las esposas de Don Cristóbal Hidalgo y Costilla, padre del cura Hidalgo.
La lista de parientes y aliados es extensa: los Gallaga Villaseñor, entre quienes sobresale el cura de La Piedad José Antonio Gallega Villaseñor; los Ramos Origel, como Jerónima, cuarta esposa de Don Cristóbal Hidalgo; así como los Carvajal, los Aragón, los Bentancur y los Dimas. Todos ellos, familias que entrelazaron lazos de sangre, compadrazgo y solidaridad con el linaje de Hidalgo.
También figuran personajes que participaron directamente en la insurgencia, como José Félix Mariano Hidalgo y Costilla Peredo, tesorero del movimiento, o José Anacleto Carvajal Espinoza, quien sirvió de emisario entre Hidalgo y el jefe realista Miguel Armijo.
Estos nombres, hoy relegados a documentos parroquiales y padrones antiguos, recuerdan que la Independencia no fue obra de un solo hombre, sino de una comunidad amplia que, desde haciendas, parroquias y pueblos como La Piedad, se tejió con fe, familia y rebeldía.
Este septiembre, más allá de las luces y del folclor, la memoria de estas familias bien merece un lugar en el homenaje patrio.









